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Pasaron muchos años hasta que el misterioso comportamiento del ámbar y los diamantes empezó a ser entendido. 2000 años mas tarde que Thales de Mileto, William Gilbert demostró que muchas otras substancias tenían un comportamiento similar al del ámbar, además mostró que había dos tipos de efectos. Además del comportamiento del ámbar tenemos el del vidrio cuando es frotado con seda, en este caso, ¡el vidrio repelerá a los mismos objetos que eran atraídos por el ámbar frotado con piel!. Sin embargo no notaron que la piel y la seda tenían el comportamiento inverso.

En 1747 Benjamín Franklin en Estados Unidos llegó a la conclusión: Cuando se frotan objetos como el ámbar con la piel no se está "creando" electricidad sino que se está transfiriendo "fluido eléctrico" de un cuerpo al otro. Franklin hizo una conexión muy interesante, demostró que el rayo y el "fluido eléctrico", como él lo llamaba, eran lo mismo.

Pocos años mas tarde, el físico francés Charles A. Coulomb realizó experimentos cuidadosos que le permitieron encontrar la forma precisa de la fuerza eléctrica. En primer lugar propuso que la electricidad debía pensarse como dos fluidos, uno positivo y otro negativo. Estableció entonces que, si dos cuerpos, uno cargado con una carga p y otro con una carga q a una distancia r se repelían con una fuerza F cuya expresión matemática es F=Kpq/rr.. ¿Qué quiere decir esta ecuación?. Pues si duplicamos las cargas, la fuerza se hace 4 veces más grande. Si por el contrario, duplico la distancia, la fuerza entre los cuerpos se hace 4 veces más chica. En su honor se estableció la unidad de carga, el Coulomb. Un Coulomb es una enorme cantidad de carga. Una nube a punto de dar lugar a un rayo tiene típicamente unos 30 Coulombs.

En 1780, Galvani notó que los músculos de una rana se contraían al ser tocados con un objeto metálico al estar apoyada sobre una superficie que estaba constituida por otro metal. Por un lado razonó que la electricidad era la responsable de la contracción de los músculos. Pero también cometió el error de pensar que la electricidad era generada por los animales.

En 1791 otro científico italiano, Alejandro Volta dedujo acertadamente que la causa de la electricidad era que el bronce y el hierro estaban separados por los tejidos húmedos de la rana. Esto lo llevó a construir la primera pila, en el año 1800, que llevó su nombre, es decir la Pila Voltaica.




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